22 de octubre de 2020

Volver para creer: 8 años del ascenso de River.

«Me verás volver y te arrodillarás”. La bandera se colgó por primera vez en el Monumental el 12/11/2011 en una derrota de River 0-2 frente a Atlético Tucumán.

La primera parte del augurio empezó a tomar sentido hace exactamente ocho años: el regreso estaba resuelto.

El final se cumplió a lo largo de todo este tiempo. Y ni siquiera hace falta graficarlo con la imagen literal de Barros Schelotto con las rodillas clavadas al césped del Santiago Bernabéu cuando Gonzalo Martínez decretó el final del partido más importante de la historia de River, de Boca y de todo el fútbol argentino y sudamericano.

River volvió y todos se arrodillaron, efectivamente, para ver una resurgir a un gigante mundial de este deporte. Para eso debió transitar un camino sinuoso, lleno de espinas. Un año eterno: 363 días exactos, que fueron tachados uno a uno en un calendario imaginario pegado a las paredes de millones de persona.

Aquel 23 de junio de 2012 de los goles de Trezeguet contra Almirante Brown nadie festejó. Apenas lloraron todos. Lloraron por el desahogo, por el fin de un sufrimiento que de hecho duró bastante más tiempo, una angustia que venía potenciándose desde el último tramo de la gestión de José María Aguilar.

Fue un grito desde las entrañas de todos los hinchas de River, de todos los jugadores. Que tuvieron que pasar por situaciones que jamás hubieran imaginado. Por escenografías inéditas para la historia del club. Ciudades, estadios, camisetas, escudos.

En un torneo que fue un parto: acaso haya sido la BN más competitiva y pareja de todos los tiempos, con cuatro equipos peleando cabeza a cabeza durante las últimas fechas. Con Instituto, Rosario Central y Quilmes que no aflojaban hasta el final, con momentos críticos como aquella tarde fatídica en la cancha de Colón contra Patronato, cuando parecía que el ascenso se complicaba seriamente.

O aquellos comienzos tormentosos, la primera derrota con Aldosivi en la que Furios, el autor del primero del 2-1 del Tiburón, declaraba “bienvenido al Nacional B”. Perder en Corrientes a manos de un equipo llamado Boca Unidos y con el gol de un jugador llamado Núñez. Fue una tortura por la que hubo que pasar para volver más grande.

Probablemente el protagonismo de Cavenaghi y el Chori Domínguez primero y el de Trezeguet después hayan simbolizado ese torneo kármico. Sus aportes al equipo de Almeyda fueron fundamentales.

En ese último tramo antes del famoso desenlace con Almirante Brown también hubo apariciones vitales de dos pibes que de la inconsciencia sobrellevaron la presión descomunal mejor que muchos otros jugadores, como Ocampos y Rogelio Funes Mori, quienes articularon aquella costosa y esencial victoria agónica a Boca Unidos en el Monumental. Maidana y Ponzio, que llegó con Treze para el segundo semestre, también fueron clave en su lugar. Fueron los puntales de la reconstrucción.

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