29 de octubre de 2020

Hace 20 años moría Rodrigo, el embajador del cuarteto en Buenos Aires con aires de rockstar.

Hace 20 años, en el mejor momento de su carrera, con grandes convocatorias de público, una fuerte presencia mediática y una profusa cantidad de hits coreados por todas las edades, moría en un accidente automovilístico, a los 27 años, Rodrigo Bueno, «El Potro», el músico cordobés que popularizó el cuarteto en Buenos Aires, a partir de una propuesta artística que lo acercaba al estatus de una característica estrella de rock.

La vida de Rodrigo, con su vertiginoso ascenso, su encandilante estrellato y la intensidad de cada uno de los acontecimientos que lo rodeaban, pareciera incluso simbolizar aquel viejo adagio punk que sugiere vivir rápido y morir joven, que terminó de tomar sentido definitivo la madrugada del sábado 24 de junio de 2000, cuando se estrelló la camioneta en la que viajaba junto a un grupo de colaboradores y amigos, en la Autopista Buenos Aires-La Plata.

Aunque hacía varios años que venía batallando para conquistar al público porteño, fue recién poco antes de su muerte que el cuartetero comenzó a gozar las mieles del éxito, gracias al irresistible ritmo y las pegadizas melodías de sus canciones, y a su inconmensurable carisma.

No había en aquellos días una persona de cualquier edad y clase social que desconociera éxitos como «Lo mejor del amor», «Soy cordobés», «El amor sobre toda diferencia social», «Y voló», «Cómo olvidarla» y «La mano de Dios», entre otros.

Pero nadie tampoco era indiferente al fenómeno Rodrigo, un verdadero torbellino que, en vez de mostrarse como un sumiso y agradecido artista del interior, tal como lo hacían varios de sus pares al actuar en Buenos Aires; eligió pasear su halo de estrella de rock, capaz de relacionarse como par con iconos populares como Charly García, Diego Maradona y Susana Giménez.

«El Potro» logró convertirse en un verdadero embajador de la música cordobesa en territorio porteño; a diferencia del máximo referente del género, Carlos «La Mona» Jiménez, quien reina en su provincia y mantiene su identidad provincial intacta.

Hijo de un productor musical y una compositora, tuvo un precoz debut discográfico a los cinco años, con un álbum infantil llamado «Disco Baby» y distintas colaboraciones con el grupo Chébere.

También temprana fue su llegada a Buenos Aires, a los 14 años, en busca de un éxito que le resultaba esquivo en su tierra natal.

A partir de 1987, Rodrigo grabó una gran cantidad de discos y actuó en las más reconocidas bailantas porteñas y del conurbano, en tiempos en que la música tropical comenzaba a ganar espacio entre los jóvenes de clase media.


Poco antes de su muerte, en abril de 2000, Rodrigo vivió el momento culminante de su carrera cuando llenó varios estadios Luna Park, en una ambiciosa puesta que contó con un imponente despliegue mediático.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *