16 de octubre de 2021

Además de la pandemia, un mal asola el orbe: los Col Centers, esos centros donde contratan empleados para explotarlos y los hacen llamar y molestar al resto de la humanidad. Ojo: No son todos iguales. Hay tres tipos de Col Centers:

1. El que te llaman ellos. ¡Qué castigo del capitalismo desesperado por vender porquerías! Llaman a cualquier hora. Son las 2 de la mañana y una voz con acento de traductor de Google te dice: “Hola, lo llamo de la empresa Global Shit para ofrecerle un seguro de vida, un juego de tres tápers o un nicho en cementerio privado”. 

A los efectos de esta columna diré que cuando pasa eso contesto “no, gracias” y corto. Pero la verdad es que la presión me sube a 37 e insulto en idiomas que ni siquiera hablo, pero que dan claramente a entender que estoy insultando. 
Pero el del Col Center es un gurka telefónico, entrenado para todo. “También puedo ofrecerle una tarjeta de crédito, un préstamo personal o un tensiómetro automático con dos paquetes de ansiolíticos de regalo”.

Ahí es donde extraño los viejos teléfonos con tubo, esos que uno podía colgar pegándole como si se tratara de martillar un clavo. En cambio, al celular no podés reventarlo contra la pared. Es caro. La única solución: esperar que llamen de un Col Center para ofrecerte un seguro contra rotura de celulares.

2. La segunda clase es más diabólica: una grabación. “Buenas tardes. Lo estamos llamando para realizarle una breve encuesta”. Ahí no podés ni siquiera mandarlo a la encuesta que lo encuestó. Eso es lo diabólico: te quedás con las ganas, la presión en 37 y esperando que vuelva a llamar el que te quería vender el tensiómetro y los ansiolíticos.

3. El tercer tipo es el más satánico. No es un Col Center. Es el Centro de Atención al Salame que los contrató. Esos no te llaman, salvo para cobrar. A esos los tenés que llamar vos.

Para comprar productos, marque 1. Para consultar ofertas, marque 2. Para apretar un número y que no pase nada, marque 3”. El servicio técnico es el 958…

Marcás el 958. La musiquita… “Bienvenido a FiberMultiTeleStar, el servicio más rápido, la mejor conexión, 24 horas, los 365 días del año”. ¡No me digas que tenés la mejor conexión los 365 días, porque en mi caso NO ES CIERTO! ¡A MI NO ME ANDA!

“Por problemas con televisión por cable, marque 1. Problemas con internet marque 2. Problemas personales llame a su analista”. Marco 2. Y otro disquito con publicidad de la empresa. ¿Para qué hacen publicidad de algo que ya tengo? Sería mejor que pongan publicidad de otras compañías, por ejemplo: “Como verá, esta empresa es una basura. La nuestra le brinda 3 meses gratis y no solo eso: no funciona los primeros tres meses” Y yo, por la honestidad, te diría que soy capaz de pasarme.

Y siguen las grabaciones: “Todos nuestros representantes están ocupados.” Eso significa que hay pocos empleados o mucha gente quejándose, lo que no es buena publicidad, pero ellos lo saben: vos ya te clavaste.

Tras la musiquita, una advertencia: “Su conversación puede ser grabada o monitoreada para su seguridad” ¿Mi seguridad? ¿Qué peor cosa que haber contratado esa porquería me puede suceder? ¿Por qué está en juego MI seguridad? Yo estoy muy seguro de lo que quiero: ¡que me arreglen el problema!

Y te das cuenta de que no va a ser fácil la cosa cuando te atiende una voz mezcla de idioma ESPN centroamericano con un toque paquistaní-albanés que cuando le das tu dirección, Callao y Corrientes, te pregunta “¿De qué ciudad llama Kimosabi?”

Si no sabe desde donde estoy llamando, solucionarme el problema está tan lejos como Villa Luzuriaga de la Calcuta que… eso. 
Y si quiere saber cómo termina esta historia, apriete 7. Para leer otra nota de Télam, marque 223. Y si quiere hablar con un representante, consígase uno. 

Lo leíste en #La Ribera Online

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