23 de octubre de 2021

«Punto de no retorno»: el dramático camino a la extinción o adaptarse para sobrevivir

El viceministro de Medio Ambiente, Sergio Federovisky

El viceministro de Medio Ambiente, Sergio Federovisky

La crisis climática puede llevar a la extinción de la raza humana o al menos al del estilo de vida actual, lo cual exige cambios radicales en las políticas públicas que apunten no solo a la reducción de emisiones de gases contaminantes, sino también a adaptar los territorios para las catástrofes naturales, algo que explica «Punto de no retorno», documental que se podrá ver gratis a partir de este sábado en el sitio de la fundación.

La cinta cuenta con la dirección de Nicolás Capelli y Diego Corsini, junto a la investigación y conducción del viceministro de Medio Ambiente, Sergio Federico Soy, quien dijo a Télam: «Necesitamos revertir una tendencia. Todos los indicadores han empeorados y hay que darla vuelta. Para eso se necesita escalar, con una población y sociedad entera que modifique un comportamiento. Ninguno de manera individual puede hacer que la matriz energética cambie».

El científico, divulgador y periodista lleva años estudiando y escribiendo sobre el tema. Según datos del Panel de Naciones Unidas para el Cambio Climático, si el aumento de la temperatura para 2030 supera los 1,5 grados centígrados, en comparación con la era pre industrial, se va a llegar a un punto de no retorno que hace impredecible el comportamiento del clima y las consecuencias sobre el ser humano.

Puede llegar a haber zonas del mundo híper inundadas y otras con temperaturas tan extremas que podrían hacer imposible la vida. Lo único que queda claro es que el que corre riesgos es el ser humano, porque la Tierra, más allá de los cambios, puede vivir sin las personas. Todo esto, consecuencia de un sistema de producción y consumo que ha agotado de recursos al planeta.

«Una de las políticas que el Estado argentino tiene que desarrollar -señaló-, y no es algo complicado, es la de empezar a desarrollar mecanismos de adaptabilidad a los cambios. Va a haber sequías en el centro del país, ¿cómo vamos a mantener nuestra actividad agropecuaria? Habrá más inundaciones en la Cuenca del Plata ¿cómo adaptamos a la población para que, cuando suceda, el Estado gaste menos dinero?».

Aunque no lo menciona, y tampoco está en la película, la ciudad de Miami, por ejemplo, anunció esta semana que construirá paredes de 6 metros de altura ante el imparable aumento del nivel del mar, que ya ha avanzado sobre islas del Pacífico.

Cuando se habla de «la peor sequía de los últimos años» o «la peor inundación de la que se tiene registro» no se trata de hechos fortuitos o aislados. Según demuestra el filme, con apoyo de científicos del Conicet y la Nasa, son eventos que se harán presentes cada vez más seguido y más violentos. No es algo impredecible, hay avisos que datan de décadas.

«Se sabe que una vez pasado el punto de no retorno ya no se podrá volver al equilibrio, pero tampoco se puede saber cómo va a ser después el clima. La adaptablidad es una forma de aceptar que el calentamiento y sus consecuencias van a durar décadas. Ya lo estamos atravesando», señaló Federovisky.

El desmonte, producido en su mayoría para producir alimento para el engorde de animales para consumo humano, también es un factor determinante: cada vez son menos los bosques que podrían absorber el CO2.

Télam: ¿No es factible pensar que si cada uno de nosotros cambia su estilo de vida, se puede generar un cambio general?

Sergio Federovisky: Yo escribí un libro donde enfrento a la responsabilidad individual contra las políticas publicas y estoy convencido de que puede demostrarse de forma cuantitativa que la conciencia individual no da por suma un comportamiento colectivo. Además, ubicar la responsabilidad es la forma que tiene el sistema para no cambiar. El 71 por ciento de la emisión de gases contaminantes es responsabilidad de 100 empresas. Uno es rehén de un sistema; sin ser un autómata, hay un margen muy acotado para el individuo.

T: ¿Cómo se hace? Teniendo en cuenta que el impacto negativo que tienen para el medio ambiente actividades como la ganadería industrial, se contrasta con el positivo en la economía.

SF: Esto se modifica con políticas públicas. No sé como se hace, pero sí a dónde hay que ir. Tenemos que ser lo suficientemente ingeniosos para toma en ese camino. Si nos seguimos sometiendo en el no poder, solo nos queda la posibilidad de destruir hasta que ya no quede absolutamente nada por destruir. Mi gran pregunta es ¿Por qué no probamos con la política publica, ya que nunca lo hicimos?

T: El documental lo hizo antes de llegar a la función pública. ¿Cómo ve todo desde adentro, ahora que es un funcionario de primera línea?

SF: Lo que veo es que las cosas se llevan adelante con convicción. Yo estoy en la función publica y pienso y digo lo mismo que cuando no lo estaba. Y además, hago cosas como recuperar un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo que se había subutilizado e invertimos 100 millones en plantas de tratamientos de residuos. Estoy en un gobierno donde el tema ambiental está en agenda. Hay miradas distintas porque estamos atravesando una transición. Tenemos que salir del Siglo XX y entrar al XXI en nuestra relación con la naturaleza. El del siglo pasado es un modelo insustentable.

T: Además, el avance irresponsable sobre la naturaleza trae consecuencias instantáneas. No hay que esperar al 2030 para ver cómo va a reaccionar el mundo. Un ejemplo claro es cómo el maltrato animal llevó a esta pandemia.

SF: El surgimiento de este nuevo coronavirus no es un tema sanitario, sino un tema estrictamente ambiental. Es un emergente de una relación anómala con la naturaleza. En los últimos 10 años hemos tenido casi una docena de epidemias que no fueron pandemia de milagro (NdR: el Sars-Cov 1, el MERS y el Ébola, por ejemplo. Todos ellos por el consumo de animales como alimento).

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