1 de diciembre de 2021

Hace un siglo, Paquita Bernardo deslumbraba con su bandoneón; hoy tiene sus herederas

Paquita Bernardo, la Flor de Villa Crespo, murió muy joven, antes de cumplir sus 25 años.

Paquita Bernardo, la Flor de Villa Crespo, murió muy joven, antes de cumplir sus 25 años.

Supo abrirse su propio camino, Paquita. La sociedad en la que le tocó nacer hace 121 años sólo interponía obstáculos y prejuicios para los que serían sus sueños.

Francisca Cruz Bernardo nació el 1 de mayo de 1900 en un hogar de inmigrantes españoles donde, si bien no daba para tirar manteca al techo, tampoco se pasaban necesidades. Por eso cuando la pequeña Paquita les dijo a sus padres que quería estudiar música, la inscribieron en las clases de piano en el conservatorio de Catalina Torre, cercano a su casa, en el barrio porteño de Villa Crespo.

Sin embargo la intención de la adolescente no era aprender los secretos de las 88 teclas del piano sino los de los 71 botones del bandoneón, instrumento inimaginable entonces para una dama y al que conoció apenas llegó al conservatorio.

Desde entonces todo fue vertiginoso en la vertiginosa vida de Paquita, que murió muy joven, quince días antes de cumplir sus 25 años, víctima de una fulminante neumonía.

Dos temas compuestos por Paquita estaban en el repertorio de Gardel.

Dos temas compuestos por Paquita estaban en el repertorio de Gardel.

La primera bandoneonista de la historia del tango y la primera mujer en encabezar una orquesta, tuvo como maestros a Augusto Berto, Pedro Maffia y Enrique García. Y como pianista de su grupo a un jovencísimo vecino, un tal Osvaldo Pugliese, quien era cinco años menor que ella.

La música de «La Flor de Villa Crespo» empezó a conocerse en Buenos Aires así como también sus ideas de fuerte impronta social, ya que en la fábrica de medias donde trabajaba siempre dejó en claro sus simpatías anarquistas.

A partir de los años 20 se animó a tocar en los bares y salones cercanos al arroyo Maldonado (ese que hoy está entubado debajo de la avenida Juan B. Justo), a los que concurría siempre acompañada por sus hermanos Arturo o Enrique (en total los Bernardo eran ocho).

Lamentablemente no quedan registros grabados de sus 15 obras -Paquita era compositora además de intérprete-, sin embargo dos de sus tangos fueron incorporados por Gardel -nada menos- a su repertorio: “Soñando» y “La Enmascarada”.

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El tango de Paquita que cantaba Gardel

Paquita, que en sus presentaciones nunca usó pantalones -vestía blusa blanca y falda negra-, alcanzó la fama en el Café Domínguez (en la esquina de Paraná y Corrientes), reducto tanguero por excelencia. Actualmente, no muy lejos de ahí, con el Obelisco de fondo, una plazoleta en Sarmiento y Carlos Pellegrini lleva su nombre.

Por desgracia, como anticipamos, su carrera quedó trunca por una gripe mal tratada que devino en mortal neumonía. El 14 de abril de 1925, todavía con 24 años, la “Flor de Villa Crespo” dejó de ofrecer su música. Aunque desde entonces, cientos de mujeres siguieron sus pasos jerarquizando al bandoneón.

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Un documental con su historia

Herederas de Paquita Siglo XXI

Los estudiosos coinciden en que el término «bandoneón» viene del nombre de su inventor, un luthier alemán llamado Heinrich Band, quien lo patentó a mediados del siglo XIX. Pero en la Argentina -y en el mundo- adquiere perfume de mujer con la música de Paquita Bernardo.

Claro que la “Flor de Villa Crespo” tuvo y tiene sucesoras quienes, a su estilo transitan la senda que ella creó. Entre ellas, Ayelén Pais Negrin, Natsulki Nishihara y Cindy Harcha. Un argentina, una japonesa y una chilena, protagonistas de la escena contemporánea.

Pampeana con raíces tangueras

La pampeana Ayelén Pis Negrín

La pampeana Ayelén Pis Negrín

La arauceña Ayelén Pais Negrin -de la ciudad de Jacinto Arauz, La Pampa- tuvo su destino musical marcado desde la cuna: cuatro familiares, fundamentalmente su abuelo, eran apasionados por el bandoneón. El abuelo Nair, además, fue el primer profesor de Ayelén, cuando a los doce años empezó a despuntar el vicio del “fueye”.

Desde entonces, esta joven de poco más de treinta años, desarrolló una carrera que la llevó por los más prestigiosos escenarios de Buenos Aires. Incluso llegó a demostrar sus dotes, invitada por la Academia Nacional del Tango, para acompañar a la legendaria Nelly Vázquez, tocando el bandoneón que fuera de Aníbal Troilo, nada menos…

Ayelén, que llevó su arte a Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, no se olvida del legado de Paquita Bernardo, “una referente para todas las mujeres bandoneonistas que hoy, por suerte, somos muchas”.

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«Lo que vendrá» de Piazzolla por Ayelén Pais Negrín

De Japón al 2×4

Natsuki Nishihara, de Tokio a la escena porteña.

Natsuki Nishihara, de Tokio a la escena porteña.

La japonesa Natsuki Nishihara era una amante de la música, consagrada a los clásicos y a la trompeta, graduada en la licenciatura del Colegio de Música de Tokio, apenas con 22 años. Hasta que en el 2012 se fascinó con el tango al punto de comenzar a estudiar bandoneón. “En un concierto en Japón, un bandoneonista tocaba una obra de Piazzolla con la orquesta sinfónica. Me encantó y me emocioné mucho. Era un instrumento que nunca había visto en vivo”.

Pero los profesores orientales no podían brindarle todo lo que deseaba y en el 2014 enfiló hacia Buenos Aires, para tomar clases con Néstor Marconi y Ramiro Boero, primero, y en la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, después.

Poco antes de la pandemia, en 2019, para el último Día del Bandoneón previo a la pandemia, se lució haciendo sus propios temas en el escenario del Centro Cultural Kirchner.

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«Niebla del Riachuelo» de Cobián, por Natsuki Nishihara

Detrás de los Andes conoció a Pugliese

Cindy Harcha brilla en la Sciamarella Tango.

Cindy Harcha brilla en la Sciamarella Tango.

“Llegué al bandoneón por mi abuela, quien me enseñó en el piano el vals ‘Desde el alma’», recuerda la chilena Cindy Harcha, especialista en arreglos y dirección musical nacida en Santiago. Y cuando escuchó por primera vez la versión de la orquesta de Osvaldo Pugliese descubrió y se enamoró de ese raro instrumento llamado bandoneón, a pesar de que “todos los que me rodeaban me aconsejaban que no lo tocara porque es un instrumento de hombre y de argentino, no de una chica chilena’”.

Con el tiempo y desoyendo los prejuicios, se animó a tocarlo; claro que para extraerle lo mejor, debía venir a Buenos Aires, y así los hizo Cindy, hoy bandoneonista, arregladora y directora musical de Sciammarella Tango, un grupo formado íntegramente por mujeres, entre otras, Hanel Yeon, bandoneonista coreana radicada en la Argentina desde hace trece años.

Cindy también tiene admiración por Paquita Bernardo, fuente de inspiración y ejemplo de toda tanguera que se precie: “‘Si ella lo hizo, ¿por qué yo no voy a poder?”.

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«Esperando el 24» – Sciammarella Tango

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