25 de septiembre de 2021

Un testigo relató secuestro de sus padres y los maltratos sufridos con su tío apropiador

Badell Acosta declaró este martes ante el TOF 1 platense

Badell Acosta declaró este martes ante el TOF 1 platense

Un testigo relató este martes el secuestro de sus padres durante la última dictadura cívico militar y las golpizas sufridas por parte de su tío apropiador, situaciones que aún hoy le ocasionan «terrores nocturnos y el temor» de revivir esas situaciones traumáticas.

Se trata de Esteban Badell Acosta, quien declaró este martes ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata que juzga a 17 represores, entre ellos, Miguel Etchecolatz, por los secuestros, torturas y crímenes cometidos en los centros clandestinos de detención de Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y El Infierno, en Lanús, contra casi 500 víctimas, durante la última dictadura militar.

Esteban tenía nueve años cuando la noche del 28 de septiembre de 1976 irrumpió un grupo de tareas a la vivienda de la localidad platense de City Bell, donde vivía junto a sus padres Esteban Benito Badell y María Eliana Acosta, de nacionalidad chilena; y su hermana Paula, de siete años.

Ambos niños dormían cuando hombres vestidos de civil y armados ingresaron a su dormitorio y les apuntaron con ametralladoras, mientras le exigían a su padre la entrega de armas.

«Oímos que le decían a mi mamá que se cambie la ropa y se los llevan. Escuchamos los portazos de los autos. Mi hermana y yo quedamos con una señora que se había quedado esa noche a dormir en casa y que al día siguiente nos llevó a casa de un tío, llamado Tadeo Rojas, que era policía como mi papá y vivía a cinco cuadras», contó Badell.

Esteban y su hermana le contaron a este tío lo ocurrido y, según recordó: «Este tipo ni se inmutó. Desde ese día nos quedamos en esa casa, con su mujer, que era hermana de mi papá, y mis primos».

El hombre relató que el mismo día que secuestraron a sus padres también habían raptado a otro hermano de su papá, Julio Badell -también policía- cuyo cuerpo fue arrojado días después desde el tercer piso de la Jefatura de la Policía de La Plata.

«Después nos entregaron el cuerpo de mi papá, que supimos murió en la tortura en el Pozo de Arana y durante su velatorio este tío apropiador se quebró y frente al cajón dijo: ‘Estos hijos de puta me cagaron, me prometieron que me lo iban a entregar vivo a Esteban´, pero se dio cuenta lo que estaba diciendo y la mujer lo sacó de ahí», relató.

Días después, Esteban le pidió a un primo que lo acompañe a la casa de sus padres donde sorprendió a su tío y otros familiares repartiéndose muebles y quemando libros.

«Sólo pude rescatar El Principito que también lo iban a quemar… Y ahí me di cuenta que no iba a volver a ver a mi madre», recordó quebrándose en llanto.

Se juzga a 17 represores por los secuestros, torturas y crímenes cometidos durante la dictadura

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Rojas decidió mudarse con su familia y sus dos sobrinos a la casa donde había ocurrido el secuestro, lo que le provocó en Esteban un shock traumático, pesadillas y alucinaciones.

«Veía que los muebles crecían y se me tiraban encima, o me despertaba rodeado de sombras y gritando. La primera vez que sucedió esto me retaron, las siguientes veces me golpearon, él (su tío) decía que el mejor psicólogo era un palo», revivió.

Esteban Badell detalló que este tío amenazó al abuelo materno que desde Chile reclamaba a los hijos de Maria Eliana e incluso cuando este hombre vino al país a ver a los niños, lo amenazó advirtiéndole que también desaparecería.

En casa de este tío, Esteban y su hermana Paula eran maltratados, humillados, no se les permitía cenar con la familia, les daban comida vieja, y durante dos años los hicieron dormir debajo de una mesa sobre unas frazadas.

«Nos pegaban con palos, correas, zapatos y con la mano y se fue generando una dinámica familiar de que éramos poca cosa, como que éramos de segunda clase y todos los integrantes de la familia sentían el derecho de pegarnos», sostuvo.

Entre quienes lo golpeaban estaba un primo que «me ahorcaba hasta que me desvanecía» y la esposa de Rojas, su tía paterna, quien cada vez que los golpeaba aludía a su cuñada, la madre de los niños, a quien llamaba «puta subversiva» y parecía atribuirle ser la causante de lo que ocurrió con su hermano.

Esteban pudo reconstruir que su madre estuvo en el Pozo de Quilmes, donde fue asesinada, según consta en un certificado de defunción firmado por Jorge Berges uno de los imputados de este juicio.

Recién en 1986, la familia materna logró recuperarlos y desde esa fecha ambos hermanos viven en Chile.

«Hasta el día de hoy no duermo bien porque tengo sensibilidad nocturna exacerbada, me despierto 3 o 4 veces, oigo que se acercan autos y hasta que no verifico que siguen de largo no me puedo dormir. No soy de hacer amigos, soy desconfiado, no me se vincular y si bien me encanta la Argentina, me gusta la gente, no puedo vivir allá porque el terror me gana», contó.

Explicó con pesar que cuando ha venido al país de visita «camino viendo si me siguen, si tengo que tomar subte, me bajo a la mitad de camino y tomo otro, para despistar porque siento que me siguen, es algo irracional pero no lo puedo evitar».

El TOF 1, integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico, también oyó el testimonio de Paula Badell quien pidió no se transmita el mismo y luego pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo 3 de agosto.

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